Es una de las iglesias más interesantes de la ciudad, no sólo por su elegante estilo gótico, sino también por la historia que encierran sus muros. El templo se empezó a construir en 1329, y poco más de 50 años después, el templo estaba completamente terminado. En 1350 ya se habían acabado las capillas laterales y la fachada. En su construcción colaboraron los fieles del humilde barrio de pescadores de la Ribera, bien con aportaciones económicas o con el esfuerzo de su propio trabajo. Hoy sus puertas de acceso rinden homenaje a esos hombres, conocidos como los descargadores del muelle o bastaixos, representados escultóricamente mediante figuras que cargan las pesadas piedras del templo a sus espaldas. Por si todavía te faltan motivos para cercarte a visitarla, debes saber que tiene una de las mejores acústicas, que lo han convertido en un espacio idóneo para conciertos de jazz, música clásica, oriental... que se celebran regularmente en la basílica. Seguro que tras visitarla entenderás porqué ha pasado a conocerse a lo largo de la historia como La Catedral del Mar.
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